“¡Antes la muerte, que mis sufrimientos!”

“¡Antes la muerte, que mis sufrimientos!”

Y si tal situación se prolongara, incluso durante años?

No sabría responder «Pero dejeseme hablar» solo se que que soy un desorden con mucho amor, una imperfecta sin busca de perfección, una humana con cicatrices y heridas, cada día más fuerte, una chica que  perdió. Porque decidí ser feliz sin mucho cuento. Aunque cuando se avanza también hay tristezas, pero que vale cada una de las espinas. Así más o menos soy yo. No sabré si soy la protagonista o la escritora esculpiéndose y renaciendo todos los días…


Que las enfermedades  se encuentren en cada sonrisa que forzamos por miedo a decir que nos encontramos mal, por miedo a reproches, a afirmaciones del tipo “debes tomar menos medicamentos y salir más”, ¿No fuiste al médico y te puso en tratamiento? “tantas pastillas es lo que han hecho, te has acostumbrado a ellas”, “no puede ser posible que no te haga efecto”…

La soledad de la persona por no ser juzgada y ver lo difícil en el mundo en la vivimos cada vez que estamos en compañía con nuestros seres queridos y mientras el dolor nos atenaza luchamos por no ser el centro de atención y conseguir que acabe la jornada para poder quedarnos a solas con nosotros mismos y dejar que el dolor fluya en lágrimas de desesperación.

La soledad  la sentimos cuando nos dirigimos a la consulta del médico, del especialista o lo que nos toque por turno, en ese camino nuestra mente haga que el paisaje por el que transcurrimos desaparezca y sea convierta en uno de dudas y miedos a afrontar un nuevo síntoma que permanecerá en nuestro cuerpo y al que tendremos que acostumbrarnos “una vez más”.

La soledad  es la lucha del día a día que afrontamos los que padecemos estas enfermedades, que se diluye por las incapacidades que sufrimos y que nuestro entorno no acepta que sea una incapacidad sino que convierte en un “puedes pero no quieres”.

La soledad son las múltiples conversaciones de quien quiere saber sobre nuestra enfermedad y sentencia la conversación con “el dolor está en nuestra mente”.
Esta soledad que vivimos se vuelve extremadamente dolorosa cuando notas que quién está a tu lado habla desde el “prejuicio” o desde su propia experiencia y no admite que el mundo sea más, algo más allá que su propia experiencia.

Es una soledad que vamos rozando poco a poco, de la que se huye al principio (porque no hay miedo más voraz que no sentirse querido y el cariño hace necesario la compañía), y luchas por adaptarte a tu medio, a tu entorno a tus circunstancias, luchas mediante la palabra, los actos, superar todas las situaciones pero la enfermedad se va comiendo todos tus recursos y llegan los fallos y por tanto los reproches.

Entonces es cuando la huida de la soledad se convierte en necesidad, necesidad de no estar continuamente justificando tu comportamiento, necesidad de manejar tus fuerzas en cosas que consideramos prioritarias. Porque lo que sí te enseña la enfermedad es a priorizar tus objetivos y administrar tus fuerzas.

La soledad  se convierte en una necesidad para el enfermo, es cuando se dejan de escuchar preguntas que no van a ser oídas las contestaciones, es cuando la duda se convierte en un camino que emprendes con tus objetivos y tus perspectivas de futuro.

La soledad  es el camino que recorren muchos enfermos con su verdad en secreto y que con sus limitaciones luchan por seguir…

Nadie sabe
Lo que se esconde
Detrás de mi rostro,
Lo que  siento en mi cuerpo,
Las veces que he llorado,
Las palabras que he callado
Nadie imagina los días que he tenido
Que dejarlo todo…
Que no he podido continuar de pie,
Lo difícil que resulta

Tener que dar otra excusa, porque no sé
Si serán capaces de comprender…
Las veces que quisiera
Gritarle al mundo
Lo que siento,que me entiendan
Y no crean Que quiero no  llamar la atención .
Que me entiendan.
Nadie sabe lo difícil que resulta
Que mi apariencia sea buena entre comillas

pero aun así siendo juzgada que el dolor no se vea…

Ver la indiferencia reflejada en la mirada
De quién dice que no tengo nada…
Nadie sabe cuánto afectan
Las palabras, las dudas, la incomprensión y falta de ayuda.

Sin embargo, he decidido a pesar de todo, sonreír. Y aun así con dolor respirar profundamente y no dar explicaciones porque me canso. Prefiero que  hablen, tendrán tanto tiempo …yo no lo tengo …

Pon mucha sencillez y humildad  en lo que hacemos, es un valor moral y eficaz que tienes que valorar en la vida, las cosas más pequeñas son las de más valor…❤  

Déjenme decirles que el mismo que escribió Job, quien mientras aguantaba pruebas

severas, dijo con confianza:

“Después que él me haya probado, saldré como el oro mismo” (Job 23:10).

Con el tiempo comprendes que sólo quien es Capaz de amarte con tus defectos, sin pretender cambiarte, puede brindarte toda la felicidad…

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